La dependencia, la que nos corre por las venas. En mayor o menor medida, todos dependemos de algo, de alguien. Creemos que la Tierra depende de nosotros, cuando finalmente nos percatamos de que somos nosotros quienes dependemos de ella.La dependencia: la que nos hace aferrarnos a otras personas.
La que no permite olvidar a ese amor imposible, la que nos convierte en la sombra de nuestras amistades. Dependemos del tiempo: nos ata eternamente, o al menos hasta que se nos acaba, de repente, cuando pasamos del último segundo de nuestras vidas.
El tiempo es oro, o al menos eso vale, y no vuelve. Se marcha para nunca regresar. Lo observamos escurrirse entre nuestros dedos, con más fuerza que el agua, la luz, o el aire. Depender es como un nudo que no se puede desatar, un factor inmortal e insaciable. No podemos soltarnos. Yo dependo de mis letras. ¿Y tú?


