Los vidrios estaban empañados y bloqueaban la visión al exterior, prueba casi infalible del frío que hacía afuera.
Se encontraba sola una vez más, rodeada de pequeñas plantas y sobre todo acompañada por su fiel conejo. Escuchaba la lluvia caer, la televisión encendida a lo lejos.
Pero nada de eso importaba.
Un sentimiento ya conocido le oprimía el corazón. Todo era su culpa, eso decía su padre. Comenzó a recorrer la enorme casa, descalza y seguida por el pequeño Tommy. A veces, pese a su corta edad, llegaba a pensar que el animalito se preocupaba más por ella que cualquiera.
Al menos desde que su madre se había marchado.
No se olvidaría nunca del entierro: era la única niña allí, pero nadie parecía percatarse de su presencia, ni siquiera su padre. Éste último había perdido el brillo de sus ojos hacía ya mucho tiempo, y continuaría así de muerto por dentro hasta que su cuerpo dejase de tener fuerzas para seguir adelante.
—¿Mamá?
En los ojos de Tommy se pudo observar un resplandor fugaz. La pequeña acarició su pelaje sedoso y una lágrima accidental rodó por su mejilla.
—Sabía que nunca ibas a dejarme.



Aaaawwwwwwww :’(
Posta que no se por que queres estudiar Psicologia, te estas equivocando de carrera me parece (?)
Love youuu *soydefo*
Muy muy bueno, me encantó. Sigue escribiendo guapaa