Bien acompañada

20 Feb

Clarissa le dedicó una deslumbrante sonrisa a su reflejo. El espejo estaba manchado desde hacía minutos, horas o tal vez días, pero la joven, que no alcanzaba los dieciocho años, parecía no notarlo.

Estaba satisfecha con la gruesa capa de maquillaje que ocultaba el cansancio provocado por las decenas de horas de insomnio. Fuese como fuese, su amplia sonrisa ocultaba todo rastro de debilidad o imperfecciones.

Sus labios, pintados de rojo carmín, eran sensuales y desafiantes. Aquella ocasión sería muy especial…o al menos eso se dijo a sí misma. Dándose un último repaso en el espejo, que le devolvía una imagen sumamente distorsionada de ella misma, se volteó y observó la mesa que, con un mantel color sangre, la invitaba a sentarse a ella  y disfrutar de aquel único momento.

Observó los elementos que reposaban en ella: velas blancas y negras y utensilios para una persona.

Clarissa tomó la copa entre sus manos, con sus largos y finos dedos, y su piel blanquecina relució en el cristal. El misterioso tono rojizo del líquido que brillaba en la copa hizo que la joven se pusiese seria. Vaya si aquella era una noche especial.

Ella misma hacía que todo valiese la pena.

Psychopathy

18 Feb

Uno, dos, tres. Uno, dos, tres. Uno, dos, tres.

Aquel era el constante patrón que seguía el repiqueteo de sus dedos sobre cualquier superficie. Así era como intentaba pasar los minutos, las horas, los días, mientras pensaba qué rumbo seguiría su vida.

No se conocía a sí misma, pero no hizo más que suspirar y sonreírse a sí misma. ¿Qué tipo de persona era?

¿Tenía un corazón? Más allá de aquel órgano que le permitía sentir la sangre correr por sus venas, escuchar ese insoportable tambor que surgía bajo su pecho, ¿Conocía los sentimientos reales? Su cruda indiferencia no hacía excepciones, y por más que hubiese intentado cambiar su forma de pensar, el dolor y el placer le parecían palabras vacías, utilizadas por los humanos para llenar sus huecas almas.

Encendió una vela y sus ojos se entrecerraron para ver la llama arder y consumir la cera. Ese era su plan. Ser aquella llama que aumentaba progresivamente e iba acabando con todo. ¿Quién podría detenerla una vez que se hubiese convertido en un incendio incontrolable?

La radio llevaba interminables horas encendida, pero a ella la música ya le era indiferente. En aquellos momentos sólo podía pensar en una cosa.

Uno, dos, tres.

Greatest day of all

12 Ago
Hacía demasiado tiempo que no tenía un día tan feliz.
And that’s all.

Lies

3 Ago
El invierno de 1984 me pareció el más frío de todos, pero el clima no era el responsable. Hoy en día, me avergüenzo de todo lo que dije y lloré en vano, bajo la mirada atenta pero silenciosa de mi madre.
Era un veiuntiuno de junio y yo apenas tenía diez años. Mi padre me había prometido, como siempre lo hacía, que aquel día en el que yo tenía fiebre y deseos de permanecer en la cama, se quedaría conmigo. “¡Esta vez sí que llegaré temprano y jugaremos, Álvaro!”, recuerdo que me mentía cada vez que yo le pedía que se ausentase del trabajo. Como un tonto siempre me ilusionaba, a pesar de que los pedazos de hielo azulado que mi madre tenía por ojos ya supiesen, y lentamente intentasen indicarme, cómo resultarían las cosas.
Como siempre.
Y yo siempre esperaba como un bobo mirando por la ventana durante horas y horas, hasta que mi madre me hacía volver al mundo. “No va a venir temprano hoy”, repetía siempre. A pesar de ello, mi padre seguía prometiendo…y yo seguía creyéndole.
Pero ese veintiuno de junio, mi padre no regresó a casa. Cuando fui a buscar  mi madre a la habitación al día siguiente, las cosas de papá no estaban. Su parte del armario estaba vacía. Sus portarretratos, sin fotos. Mi madre entró en el cuarto cuando yo estaba empezando a sollozar, empezando a entender las cosas.
-¿Dónde está papá?-pregunté casi gritando, desesperanzado. Mi madre permaneció inmóvil por unos segundos. Finalmente reaccionó, se acercó y me abrazó.
-Esta vez no va a volver, Álvaro. Se fue para siempre.
Nada ni nadie podría haber lastimado a mi madre como lo hice yo en ese momento.
-Yo no te quiero a ti, ¡Quiero a papá!-grité entre las lágrimas y salí corriendo
Luego de ese día, descubrí varias cosas: mi madre no era insensible como yo creía, y mi padre se había marchado para siempre. En su momento creí que era porque se había cansado de nosotros, pero ahora comprendo que era un cobarde. Y hoy, veinticinco años más tarde, frente al lugar en el que descansará para siempre la persona que más me quiso y más desprecié, me siento un idiota.
“Perdóname” es lo único que alcanzo a decir.

Untitled

2 Ago
Sostuve la foto con mis frías y temblorosas manos, al tiempo que una lágrima rebelde resbalaba por mi mejilla. Los recuerdos me hicieron mal. Mi memoria se remontó a aquel último momento que compartí con ella. Lo recordé como si hubiese ocurrido el día anterior. La habitación de mi madre, cuidadosamente pintada de color lila, los muebles de roble heredados de mi bisabuela. El perfume a jazmín que desprendía aquella persona a la que tanto quise. Recordé su amplia sonrisa, sus ojos grises. “Como los míos”, pensé. ¿Cómo era posible que todos y cada una de mis memorias siguieran tan arraigadas a mí? Quizá porque aunque habían pasado quince años, aún no me había recuperado del repentino golpe que había supuesto la muerte de mi única confidente. Aún no me había perdonado por no haber ido con ella en aquel avión, así como a mis veintisiete años no había logrado dejar de lagrimear ante su mínima mención. La nostalgia me invadió hasta que sentí cómo el corazón se me oprimía. No me sentí capaz de afrontar su ausencia. Los recuerdos eran demasiado nítidos.

Trains

2 Ago
Sentí el repiqueteo de sus dedos contra el vidrio de la ventana y me mordí el labio, conteniendo el deseo de pedirle que se detuviese.
Pero claro, ¿Quién era yo para darle órdenes a un completo desconocido, aunque me estuviese poniendo extremadamente nerviosa haciendo ruido en el tren?
“Basta ya, maldita compulsiva, basta ya”, me dije mentalmente.
Miré como pude por la sucia ventanilla. El paisaje era monótono y gris, y me resigné a aguantar el sonido que me acompañaría por el resto del viaje.

Listening to: Porcupine Tree – Trains

Mood: Bored

Truth

31 Jul
Nunca me sentí de esta manera antes:
Todo lo que hago me recuerda a tí
Y no me comprendo a mí misma…
…estoy dividida entre la ira y el cariño, los que siempre estuvieron y aunque pasaron los meses, nunca se fueron.
Y pasé de llorar ante tu recuerdo a poder tenerte como parte de mi pasado, pero el círculo vicioso que es mi mente no se da por satisfecho.
Sentí que te extrañaba, que te necesitaba. Pero era sólo falta de costumbre, y tarde cuanto tarde, me voy a acostumbrar.
La vida te pega cuando menos lo esperás, eso lo tuve siempre claro: pero esperás que sean los factores incontrolables, y no que sean las personas las que te terminen fallando. Nunca esperás que a quien considerabas la mejor persona del universo, el Sol del cielo que es tu vida de repente apague toda su luz. Pero en cuanto la oscuridad reina, ¿Dónde está la Luna? Claro, ella es iluminada por el mayor astro también, ¿O no? Pero llegó el momento en el que la Luna va a empezar a brillar por sí misma; no necesita del Sol para poder generar luz, y vivir.
Hay muchas más estrellas en el cielo.
  

Listening to: Afterlife – Avenged Sevenfold

Mood: OK

Falsa

23 Abr

Si te digo que estoy bien, no me creas. Si te digo que no me pasa nada, no me creas.
Y si te digo que no estoy triste…ya sabés qué hacer.
No necesito tu compasión. No necesito tu pena.
Necesito un amigo, y no sé si lo tengo.
No necesito confesarme. Tampoco necesito que te confieses.
Porque con eso no se construye mi amistad, con eso no se gana mi confianza.
Porque soy la persona más difícil que vas a conocer.
Antes de que me arriesgue, antes de que te gane cariño…
¿Aceptás el reto?

Symmetrical Smile [Chapter 1] –

14 Ene

 

 

Observé por última vez mi rostro en el espejo. En mis ojos vi reflejado todo el odio que tenía acumulado a causa de tener que estar en aquel lugar. El brillo de mi mirada hacía que toda mi mente se centrase en una sola palabra. “Preciosa” – murmuré mientras mis labios color carmín se curvaban en una sonrisa perfectamente simétrica.

Muchas personas me habían llamado asesina a lo largo de mi vida, pero hasta ese día no creí merecer aquel título adecuadamente. Nunca me consideré inocente, pero nunca había acabado con la vida física de alguien. Sí, destrocé corazones y nunca me sentí mal por ello. Pero todas las cosas tienen una justificación, y mi forma de ser no fue la excepción de la regla. Hasta aquel momento, mis ojos eran los de la peor persona que podrías conocer, pero no miraba como una asesina. Porque no lo era.

“Ya voy, ya voy” – grité repetidas veces. Terminé de mirarme en el espejo y salí al escenario, sin nervios ni demostrando ninguna emoción fuera de lo común. El espectáculo fue como todas las otras veces. La misma actuación de las mismas personas, por las que el público había pagado repetidas veces para volver a ver. Di lo mejor de mí como en cada show y se corrió el telón. Aquel día estaba terminado. No había nada especial, nada que lo diferenciase de todas las demás funciones, al menos hasta ese momento. Ignorando a los fanáticos, actores y al resto de la gente que había allí, busqué mi tapado y me lo puse. Me llegaba hasta los tobillos, por lo que no podría pasar frío. Salí por la puerta de atrás y comencé a caminar con los pasos más firmes y rápidos que mis zapatos me permitían. Observé con algo de sorpresa que no demostré la lobreguez del exterior del teatro. Pasé al lado de un hombre y discretamente miré su reloj, deseaba saber que hora era. Contuve un suspiro. Las tres de la mañana. Se me había hecho demasiado tarde. Continué utilizando mis largas piernas para llegar lo más pronto posible a mi casa, pero a pesar de ello algo me detuvo. No estaba sola en aquel callejón.

 

 

 

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